La crisis climática a la que nos enfrentamos tiene graves consecuencias para la salud pública: el aumento de los desastres naturales, el incremento de la mortalidad por olas de calor o la aparición de enfermedades relacionadas con los cambios de los ecosistemas son solo algunas de ellas. Todo esto también afecta a nuestra salud mental en forma de sentimientos de dolor, ira, vulnerabilidad, tristeza, miedo o incluso duelo. Los efectos del cambio climático en la vida de las personas requieren de nuestra atención.

La práctica de Mindfulness puede ayudarnos a mejorar la conexión entre el cuerpo y la mente pero también puede fortalecer la conexión entre las personas y el entorno. La atención plena desarrolla nuestra conciencia corporal y, con ella, la intención de cuidar de nuestro cuerpo, promoviendo estilos de vida saludables que pueden favorecer a su vez comportamientos ecológicos. Mindfulness es una herramienta terapéutica que se ocupa de la salud integral y al estar nuestra salud individual ligada a la salud de nuestro entorno, no podemos cuidar de una sin cuidar de la otra. 

Al igual que el entrenamiento en mindfulness puede contribuir al desarrollo de nuevas rutinas saludables como el ejercicio físico o la dieta, también puede ayudarnos a la adquisición de hábitos como el reciclaje, la conservación de energía o el consumo sostenible. Si nos ocupamos de nuestra salud es probable que queramos cuidar del medio ambiente, ya que nuestro estado depende también del estado de nuestro entorno. 

Además, la práctica de mindfulness mejora el bienestar subjetivo y, al cubrir nuestras necesidades psicológicas con experiencias internas, no necesitamos consumir compulsivamente para encontrar satisfacción. La adquisición de bienes materiales puede provenir de un sentimiento de impulsividad, una  necesidad de estatus o mero aburrimiento, por lo que el desarrollo de la inteligencia emocional asociado a la atención plena puede convertirse también en un aliado del consumo responsable.

Por último, mindfulness nos permite superar nuestros procesos mentales automáticos y conductas estereotipadas de las que no somos conscientes. Gracias a la práctica de atención plena podemos detener estos pensamientos y reacciones automáticas y estar más abiertos a cambios de comportamiento. En este sentido, mindfulness puede hacernos más conscientes de aquellos aspectos del funcionamiento de nuestra sociedad que consideramos incuestionables pero que no son sostenibles. 

La tierra no puede soportar la explotación ilimitada de los recursos naturales en la que se basa nuestro sistema y, para hacer frente al colapso climático, un cambio de paradigma parece necesario.

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